jueves, 8 de abril de 2021

Anécdotas de Calchines



I - De mis anécdotas de Calchines:


El problema que uno tiene cuando ya es viejito es que pierde el sentido del espacio y, al caminar, se debe tener cuidado. Yo vivo en un pueblo, cuyo inconveniente es que las veredas son totalmente desniveladas, por eso cuando debía cruzar la calle para ir al único cajero, me detuve un tiempo largo calculando la distancia que había entre el cordón y la calle. De pronto el policía que cuidaba el banco, al lado del cajero, se me acercó cruzando la calle. Por supuesto cuando lo vi yo levanté mis brazos y grité:

- Soy buenito e inocente!

El policía se sorprendió, pero terminó respondiéndome:

- Cállese la boca y deme el brazo que lo ayudó a cruzar la calle. 




II  Anécdotas de Calchines.


Calchines es un pueblo rural donde todos se conocen, donde todos se saludan. Mi sobrino, Tavi, que trabaja en el campo, siempre traía a casa verduras de todo tipo: zanahorias, zapallitos, ensaladas... A lo que yo siempre respondía.

- No me gustan las verduras!… No lo dejen entrar más al Tavi a casa. Yo lo único que como son las papas.

Al día siguiente, mi sobrino caía con calabazas y yo repetía lo mismo, no me gustan las calabazas, yo como solamente papas.

Así iban pasando las semanas hasta que un día entro sin nada y dijo que necesitaba ayuda. Y, como a mi me gusta reflexionar, me dije: Sonamos, es periodo de berenjenas y salí corriendo para el fondo a esconderme. Pero al rato apareció con su hermana, la Caro, y riéndose comento:

- Tío, a vos te gustan las papas? Bueno, esta vez te traje papas.

10 bolsas bajo del camión para que no lo jodiera más. Durante un mes estuve desayunando, almorzando, merendando y cenando papas fritas, papas al horno, ensaladas de papa, hasta papas con dulce de leche termine comiendo.

Ahora, cuando hago un pollo con media papa al horno, me acuerdo siempre de eso.




III - Anécdotas de Calchines:


Lisbeth, la hija de la Caro, que viene de cumplir 15 años, se aprovecha del anciano de su tío abuelo. El otro día me dijo:

- Tío, todavía me debes 100 pesos.

- Ahh!… Cua… De qué?

- De cuando yo tenía el restaurante, y se mató de risa.

Hoy los chicos no tienen piedad de los viejitos. Recuerdo cuando Lisbeth tenía 6 años, en el patio de la casa había instalado una cocina y cuando yo me sentaba debajo del árbol de mandarinas para fumar y leer un libro, ella venía corriendo, ponía una mesita delante mio y preguntaba: Qué querés comer, tío? En general, yo le pasaba el mismo pedido: Un buen café, un par de tostados y un jugo de naranja.

Al rato volvió con una tacita de plástico con el café, que era agua con barro, en un platito con sus cubiertos me traía los sándwiches tostados que eran diferentes hojas del suelo y un vasito con agua coloreada. Entonces, hacia la cuenta y me decía un monto. Yo le respondí que en ese momento no tenía dinero, si me podía dar crédito.

- Tío, no hay problema; entonces sacaba de su carterita unos papelitos de colores, cada uno con el nombre de sus clientes, buscaba el mío y anotaba el crédito que me estaba dando.


Parece que ahora, a los 15 años, ella encontró esos papelitos y sentándose frente mio lo puso sobre la mesa y seriamente me largo:

- Tío, todavía me debes 100 pesos




IV - Anécdotas de Calchines:


Cuando regresaba a casa, yo lo hacía por la otra calle paralela, la de los muertos como solía llamarla; también era una calle de tierra que pasa al costado del cementerio del pueblo. Es mi paso predilecto porque las veredas están llenas de árboles de moras: entonces aprovecho y con solo estirar los brazos recojo y me pongo a comer. Sólo que en vez de comer las moras de a una las trago de puñados hasta que no doy más y allí continuó tranquilo para cruzar la ruta volviendo a casa.

Un día apareció la María José Vergara y cuando me vio colgado a las ramas de uno de los árboles de moras pegó un grito: Juan, pare de comer que después andará con dolores de estómago! 

- No importa, cuando llegue a casa le pido a mi prima Luly que me cure el empacho!




V - Anécdotas de Calchines:


En la esquina de la plaza hay un negocio que no se como se llama, pero sí la dueña, Silvia, que me puso la mercadería que compre en una bolsa y cuando salí empecé a dudar, si volver directamente a casa o entrar en la heladería del lado. Decidí comprar como dos kilos de helado surtido porque nunca se las preferencias en casa. En una mano llevaba la bolsa que me había dado Silvia y, en la otra,  el bastón con que me apoyo más la bolsa con helados. Se me cayó la bolsa con el bastón y cuando me agaché para recogerla se me cayó al piso la otra bolsa de plástico desparramándose la mercadería. Allí apareció corriendo la Caro que no me deja andar solo. Entonces le dije:

- Crees que soy tan inútil que no puedo llevar solo estas cosas? 

Ella  recogió las dos bolsas.

- Tío, nunca fuiste capaz de hacer dos cosas a la vez, ni siquiera podes cruzar la calle masticando al mismo tiempo un chicle; y se mató de risa.




VI - Anécdotas de Calchines:


Para poder reciclar cualquier cosa se necesita ser creativo, Siempre lo pensé. 

Resulta que me había quedado solo porque todos se habían ido al pueblo hacer compras. Cocinar siempre me atrajo; entonces hurgué en algunos estantes y lo único que encontré fue azúcar, un frasco de vainilla y bicarbonato; en la heladera la leche nunca faltaba. 

- Perfecto, me dije. Voy hacer dulce de leche ! 

Tuve un pequeño problema, se pegó y se quemó tanto que tuve que tirar la olla a la basura porque ya no serviría más. Bueno, en realidad decidí reciclarla y la dejé en el patio, al lado de un árbol. De esa manera se reciclaba en cenicero y, de paso, no me tirarían las orejas por arrojar las colillas por cualquier lado.

Esa tarde cuando hicieron tortas fritas, vi que habían pasado también por el supermercado El Kapote y el Emilio le había encajado un pote de dulce de leche porque sabía que era mi confitura preferida.

Todos contentos, mis sobrinas no gritarían más por los puchos tirados en el patio y yo volvería atragantarme con tortas fritas y dulce de leche. 

Claro que el olor a quemado en la cocina quedó impregnado por varios días. Yo sonreía, y pensaba en lo que a menudo decía: ¡la vida no es siempre perfecta!




VII - Anécdotas de Calchines:


Mi sobrina me dijo; Norita, tiene un amigo imaginario. Norita es la hija de mi otra sobrina, la Lici.

- Cuál es el problema?

- Que juega, le habla y a veces hasta se pelea y se enoja.

Yo sonreí y le respondí: No es imaginario, para ella es real y es por eso que con su amigo imaginario puede hablar, ser feliz e igualmente sufrir cuando pelean. 

Me quedé pensando un rato: ¿Quién mejor que yo para entender a Norita? Yo que tengo novias imaginarias, que las quiero hasta la locura, que me hacen reír con sus historias y estremecerme todo cuando me besan. Mas de una vez he terminado llorando cuando se iban con otro. Natividad, mi hija, que es psicóloga, un día supo decirme: Lo imaginario también es real, es como el alma que uno no la ve, pero que te sacude entero en muchos momentos de la vida.



miércoles, 17 de febrero de 2021

Lo que dijo Stella Maris Gamba de mi novela “ALLÁ” (*)

 

“ALLÁ”
Pocas novelas refieren sobre la dictadura militar de Argentina como lo hace Juan Carlos Alarcón. Sólo unas llamadas telefónicas, un accidente y los comentarios a “sotto voce” de la familia, nos trasladan a un tiempo pasado pero no olvidado sobre la historia dolorosa del exilio. De esta manera, la novela es, si tomamos palabras de Borges, “una extensión de la memoria y de la imaginación, y esto es muy importante porque qué sería de la identidad personal frente al hecho de que cada yo fuese su yo sin la memoria personal”.
Los miembros de una familia, como protagonistas, le bastan a Juan Carlos  para contar esta historia y, con un gran manejo del tiempo narrativo, inserta el contexto Francia-Argentina, Argentina-Francia, para definir la relación existente entre coyunturas del medio actual y del proceso militar anterior; y, para que la ingenuidad y la angustia jueguen como contrastes, convierte a un niño en cronista de los hechos que suceden en Francia para crear una relación directa entre el lector y el narrador, como si éste estuviese confesándose con el primero.
Veintitrés capítulos y un Epílogo conforman la novela. Cada capítulo tiene un epígrafe, el que resume metafóricamente el contenido. Pero estas frases de escritores famosos no hacen más que ampliar el pensamiento que el escritor tiene sobre el tema tratado.

Es elogiable que haya podido construir mediante un lenguaje sin rebuscamientos idiomáticos, imágenes visuales tan nítidas para el lector. Los diálogos del abuelo con la nieta, en el patio, es de una plasticidad tan impactante que la dimensión referencial se combina con la dimensión del lenguaje visual como sistema modelizador: el tratamiento del espacio, contenido y representado, sobre todo en lo que a sus valores s
imbólicos se refiere. Mientras los otros personajes que conforman la familia minimizan estas conversaciones diarias, en el diálogo del abuelo y la joven nieta subyace el traspaso de la memoria de una generación a otra para que ésta última mantenga su memoria activa, para que el “nunca más” se conforme en un legado no negociable. El elemento que juega como elemento mágico es el mate, esa infusión que los argentinos comparten porque es parte de su identidad.
El tema de la novela es el fatalismo, es decir, la imposibilidad de escapar de su propio destino que se cumple. Porque el “Allá” aún guarda la intolerancia y el odio.
Una novela para leer entre líneas, porque sus silencios aún dicen más que las palabras.


(*) Profesora de lengua y literatura
fue Directora de Cultura de la Provincia de La Pampa
Escritora

 

lunes, 11 de enero de 2021

POR QUE NO ME GUSTA VAN GOGH


Por Juan Carlos Alarcón

 

Yo que apenas soy especialista de la holgazanería y que durante el verano voy a visitar los museos para dormir la siesta evitando así de sufrir demasiado del calor, a menudo me encuentro delante de los cuadros de Van Gogh (calendario turístico obliga) y, debo reconocer que se me despierta el instinto de subdesarrollado que no me permite todavía comprender la mundialización del arte.

 

¿Quién era ese colorado que revolucionó el mundo de la pintura después de su muerte y que su vida fue tan trajinada como su propia locura? En realidad el pobre no estaba loco ¡estaba chiflado! más aturdido de la vida que una oveja que entra al frigorífico un día festivo.

 

Si en vida el colorado Vincent no tuvo mucha suerte con su pintura, se puede decir que tampoco la tuvo con las mujeres. El pobre colorado pasaba de una decepción amorosa a otra. En definitiva, cabeza de zanahoria forjó su carácter con esos elementos y con un misticismos tan exaltado como sus propios tormentos, porque si existía un tipo atormentado en la vida no podía ser otro que el chiflado de Van Gogh.

 

Ya adolescente, el colorado había sido mordido por el virus del vagabundeo y por un anhelo epidérmico de ser pastor protestante como su padre: ¡Pastor, qué ocurrencia!... Y, haciéndose pasar por pastor en las minas de Bélgica descubrió la miseria humana, la explotación y la muerte de todas las esperanzas del ser humano. Entonces, él dudó de su misticismo religioso y se puso a dibujar como loco ¡como loco que ya era!

 

Pícaro este Vincent. El era holgazán, no le gustaba trabajar como a todo el mundo. Acaso hasta pudo haber sido escritor porque, durante su existencia, le escribió a su hermano querido Théo ¡más de 700 cartas! Aún cuando en general eran para pedirle dinero. En esas cartas también habla de pintura: de su pintura, de su búsqueda estética, de su gusto por el clasicismo y de sus obsesiones. ¡Y, por Dios que él tenía obsesiones, suficientes como para alimentar a todos los aprendices psicólogos de varias generaciones!.

 

Vincent se instaló en Inglaterra en 1876 como ayudante de un verdadero pastor; pero las autoridades eclesiásticas continuaron a oponerse y le rechazaron su sueño de Pastor. Y siendo honesto, entre nosotros ¡no estaban muy errados! De todas maneras el loco colorado no llegaba a radicarse mucho tiempo en un mismo lugar.

 

En Amsterdam él agregó a su vida el alcohol y se volvió un alcóholico de primera que deambulaba arrastrando también su carácter fuerte, porque el colorado, aparte de ser chiflado, tenía un carácter podrido. Sin embargo, la lucidez de ese loco era de saber que estaba repiantado, que era violento y terriblemente depresivo. Y, acariciando su barba colorada, él sintió una vez más que su vida era un infierno y que se deterioraba rápidamente. Pero, más sentía la demencia que lo cercaba, más se ataba a su condición de artista para tratar de sobrevivir de su infierno. Y su producción aumentó enormemente para la felicidad de esos que hoy especulan con el valor de sus cuadros y que hacen de su demencia enloquecer los índices de la bolsa de comercio.

 

Taciturno, solitario e insociable, el colorado instaló de nuevo sus valijas en la casa paternal y se enamoró esta vez como un adolescente de su prima. El amor es ciego y no estúpido. Su prima lo comprende rápidamente y terminó por cerrarle la puerta en la nariz. Ella no quiere recibirlo en sus brazos ¡y tiene razón!. Entonces el colorado Vincent trató de apagar otra vez más su ardor incomprendido en el alcohol y en el barrio de las prostitutas. Pero, tanto va el cántaro a la fuente que termina rompiéndose y terminó enamorándose de una de las putas. El pobre Vincent nunca tuvo suerte con las mujeres ¿por qué iba a ser diferente con una prostituta? Ella se burla de ese colorado alcohólico y chiflado que deambulaba por las calles y que pintaba como un obsesivo. Sin embargo, es necesario decirlo, en esa época sus dibujos eran mediocres y él también lo sabía. Por eso le pide consejos a Mauve que es pintor y profesor. Mauve es quien le va hacer descubrir todos los secretos y misterios de la pintura. De regreso a la casa de su padre en 1884, el colorado pintó “Les mangeurs des pommes de terre” y, a partir de ese momento, se dedicará exclusivamente a la pintura.

 

Es difícil hablar del colorado sin hablar de su hermano Théo, que lo ayudó económicamente toda su vida y entre ellos, hay que reconocerlo, hubo una relación muy particular. ¿Es que Théo lo ayudó porque creía en la pintura del colorado o simplemente porque Vincent estaba chiflado? Todavía se aceptan las apuestas para ver quién determina eso con precisión. No importa lo que fuera, el colorado Vincent que pasó su vida haciendo retratos de todos: del padre Tanguy, del doctor Rey, de Millet, de la mujer de Ginoux, de la familia completa de Ravoux, etc., etc. Pero, hecho curioso, nunca pintó un solo retrato de su hermano querido. ¡Sigamos apostando!...

 

No se puede pensar que Théo era ingenuo. El conocía bien el mundo del arte puesto que era propietario y comerciante de una galería de arte. El no creía en el colorado como artista y utilizaba sus cuadros para hacer regalos a los amigos sin gastar un peso. Eso fue lo que sucedió con la acuarela “Les Toits” que en 1990 se vendiera a 27 millones de dólares ¡Qué dolor para los descendientes de Théo!...

 

En 1886 París estaba en plena efervescencia. Se discutía de arte moderno por todos los rincones; pero al colorado no le gustaba discutir, él adoraba la soledad y soñaba con irse a la región del Midi francés. Y dos años más tarde se instaló en Arles, la región francesa más japonesa, dirá él mismo en sus cartas. Al principio pareció haber encontrado una tranquilidad espiritual; pero poco a poco los demonios volvieron a danzar en su cabeza y se hacían un festival con las depresiones y el carácter del pobre colorado. Sin embargo él trataba de comprenderse, de comprender las cosas que pasaban en su cabeza y allí pintó su autorretrato ¡40 veces!... como si él tuviera necesidad de observarse, de descubrir cada uno de sus sentimientos malsanos.

 

De pronto un día la luz se prendió en el infierno de su vida y le vino la idea de realizar un proyecto, el primer proyecto serio de su vida: crear una granja artística. Era un proyecto simpático que hoy, tal vez, hubiera contado con el apoyo de las autoridades y de la dirección de cultura.

 

El colorado discutió por correspondencia esa idea con su hermano Théo. Esta idea la tiene a pecho y cuando llega Gauguin a la ciudad de Arles, el colorado piensa que su proyecto puede concretizarse ¡Gauguin es amigo de Théo! Pero pobre colorado, aparte de chiflado era incrédulo.

 

¿Por qué Gauguin fue a visitarlo? El también tenía un carácter fuerte y apasionado, y, a diferencia de Van Gogh, Gauguin vivia bien su época tanto como artista que personalmente. Sus cuadros se venden mucho y está triunfando económicamente. Además Gauguin ya abandonó el impresionismo. Ellos son el día y la noche, y los dos son sectarios y totalitarios en sus pensamientos, en sus posiciones sobre la pintura, sobre sus técnicas y sobre sus maneras de encarar la vida. Todo lo separa.

 

En diciembre de 1988 la ciudad de Arles se prepara para festejar Navidad y los habitantes continúan a escuchar las fuertes disputas de esos dos artistas: uno más loco que el otro. Pero en esa época no había mediadores sociales para reglamentar cívicamente sus problemas estéticos. Entonces el colorado tomó una sevillana de afeitar y en ese momento quiere matar a su amigo que no es tan amigo. Pero a Gauguin el miedo le dio alas en los pies y corre mas rápido que una liebre. ¿Van Gogh ha perdido la razón? ¡No... él fue siempre loco y violento!...  Entonces como no logró alcanzar a Guguin, el colorado muerto de rabia y de impotencia descargó todos sus sentimientos contra sí mismo y se cortó su propia oreja. Su suicidio dos años más tarde en Auvers sur Oise no debió ser extraño para nadie que lo conociera un poquito. 36 horas de agonía “Es inútil, mi tristeza restara siempre” le dirá a su hermano antes de morir en sus brazos.

 

Es en todo eso que yo pienso cada vez que estoy frente a un cuadro del colorado Van Gogh y eso arruina mi siesta y la belleza estética de su pintura. ¡Mala suerte!...

 

 

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Reconstruyendo el tiempo

 

Carajo, se murió el Daniel Salzano (*)

por Juan Carlos Alarcón

 

Nuestras dos familias eran de barrio Pueyrredón, de la calle Charcas; pero nos separaba la Avenida Patria que era una frontera peligrosa para ambos lados. Además, Daniel era de familia fanática radical y yo de familia peronista, fanática.

Recuerdo que un día le dije: nunca me saludaste, ni siquiera a la salida del cine del colegio Robles. Entonces me miró y largó una carcajada respondiendo:“Cómo te iba a dar bola si vos eras un pendejo?” Tenia razón, 5 o 6 años es una enormidad cuando uno es chico. Yo era un pendejo y él era viejo.

Pienso, que nosotros nunca fuimos amigos, aunque hubo periodos que nos frecuentábamos seguido y varias veces comíamos en familia ya que Cristina, su mujer, era también muy amiga de mi esposa. Ellas se conocían desde adolescentes.

Por aquella época muchas veces yo pasaba a buscarlo por la redacción del diario La Voz del Interior y nos cruzábamos al bar del frente a tomar cafés. Cuando yo me largué con la aventura de hacer una película, como no podía ser de otra manera, él fue uno de los primeros en hacerme una entrevista.

El día que se casó con Cristina nos habían invitado y fuimos con mi mujer. Fue el casamiento más original que asistí hasta el día de hoy. Había docenas y docenas de quesos diferentes, de todo tipo y gustos haciendo juego con panecillos también de todo tipo sobre mesas de distintos niveles y una decoración teatral. En realidad parecía la escenografía de una pieza de teatro donde los invitados eramos los actores. Algún tiempo después nos encontrábamos en el bar Unión y me dijo “No me digas que la fiesta de mi casamiento no fue linda?” Yo le respondí: Espero que nunca más te vuelvas a casar porque me recagué de hambre, los quesos a mi nunca me gustaron. Capaz que siguió mi consejo porque nunca se separó de Cristina.

Hay algo que tengo que reconocer, siempre me gustó su manera de escribir y hasta influenció en la mía. Lo supe un día cuando yo venía de borronear un poema donde había una frase “Traficante de luna / que lleva una herida en la sangre...” Allí pensé : Carajo, esto también es de Salzano. El era diabético, insulino-dependiente y varias veces yo lo había visto pincharse.

Su primer libro de poema “Oh beibi” me encantó, era una oda al cine. Pero cuando después publicó "Versos que escribí para que tocara Jelly” me marcó a tal punto que muchos más tarde cuando yo publiqué “País Chúcaro” (Ed. Recovecos) le dediqué el poema 16.


La ultima vez que tomamos un café fue unos años antes de morir. Nos encontramos por casualidad. Yo iba caminando por la Av. General Paz y él salia  del edificio de los gallegos, La Casa de España. Yo no lo había visto y siento que desde atrás me dice : “Ya no saludas cordobés trucho?”

Hablamos un poco de nuestras respectivas familias, por supuesto mucho de cine y me dijo que había leído mi novela “Cuando los pájaros vuelan en libertad” y que yo no había dejado de admirar a Víctor Stasyzyn, que había sido su jefe cuando él escribía en la página de espectáculo de La Voz. Yo sonreí y estuve a punto de contarle un secreto: No, lo que quiero, es escribir como Daniel Salzano; pero ese secreto ni en pedo se lo confesaría porque nosotros no éramos amigos.

 

 

Poema 16 (a Daniel Salzano)

 

Alguna vez, caminé Rivadavia arriba

examinando los jardines del mercado de abasto

escupiendo nicotina

discutiendo política con viejas prostitutas.

Algunas veces, he esperado la mañana

despeinando madrugadas,

he bebido elixir de vida desde el fondo de una copa

mientras una serenata se escapaba por la ventana

del hotel Walford

y, más tarde, en el bar Claudia

al primer trasnochado que bebía café con sacarina

le pregunté por Daniel

y me respondió:

le está escribiendo a Jelly.

 

“País Chucaro” (Ed. Recovecos; Cba)

(*) publicado en el blog de Radio Bumerang Argentina, 2014.  El 24 de diciembre moría uno de los grandes poetas de Córdoba, Argentina.

 

 

miércoles, 2 de diciembre de 2020

El misterio de un pancho



Hay misterios que quedaran misterios toda la vida. La noche estaba fría, pocas ganas de cocinar, poca mercadería en la heladera. Bueno, un pancho con dos salchichas, mayonesa y un resto de chips triturado. Cuando voy a la Argentina, por todos los lugares que paso trato de comer un pancho gigante para ver las diferencia regionales.

Aquí en Francia no es el mismo pan, el hot-dog no es el pancho; pero, bueno “es lo que hay” diría mi sobrina Caro cuando me hacia comer tres veces por semana polenta con queso.

Miré el pancho para ver por donde lo atacaba. Asociación de idea?... Recuerdos que a veces brotan como vertientes?... Lo cierto fue que pensé en un día que llegué a la Argentina. Por ese entonces Alfonsin ya era Presidente y nosotros, los prohibidos, ya podíamos visitar la familia y los amigos. El camino era simple, de Ezeiza a Retiro y de Retiro en colectivo hasta Paraná. Así comenzaba mi peregrinaje, después por todo el país.

Recuerdo que estaba en Retiro y debía esperar un par de horas mi colectivo, y me senté en los andenes, desde donde salen los vehículos para todo el país. Una mujer policía se paseaba de una punta a la otra controlando las incivilidades que pudieran ocasionarse. A pesar que vi el piso lleno de colillas de cigarrillos, me acerqué a la mujer policía y le pregunté si allí se podía fumar, quien me miro de los pies a la cabeza y me respondió: No, poder no se puede, pero esta consentido. Yo fumé mi cigarrillo tranquilamente cuando veo que adentro había un quiosco que vendía panchos gigantes. Ni dudarlo, entré me compré uno con una gaseosa y volví afuera donde había dejado mi valija.

Yo estaba saboreando mi pacho cuando la mujer policía se me acercó y me dijo: “Señor Alarcón, no creo que este sea un buen lugar para esperar su transporte; seria mejor que buscara otra forma de desplazarse” Y siguió caminando.

Acostumbrado al pasado, todo mi cuerpo se tensó de golpe. Acaso fue el instinto, que se despertaba muchas veces en época de la dictadura y sin haber terminado de comer, arrojé los restos adentro de un tacho de basura y salí de la Terminal de Ómnibus; tomé un taxi hasta Aeroparque donde saqué pasaje en el primer avión que salia para algún lugar conocido. Llegué a Pajas Blancas, en Córdoba; nuevo taxi a la Terminal de Ómnibus local y allí tomé el colectivo que iba a Paraná.

Nunca supe por qué la mujer policía me pidió salir de Retiro. Podría imaginar que ella vio las etiquetas pegada a mi valija y se dio cuanta que yo venia del extranjero; podría... Pero cómo es que sabia mi apellido? Porque fue por mi apellido que ella se dirigió a mi. Es un misterio que jamas pude descifrar.

 

lunes, 19 de octubre de 2020

Mucho silencio: Se murió el Hugo Bastos.




 Por Juan Carlos Alarcón

 

Siempre pensé que Hugo Bastos era uno de los grandes artistas plásticos argentino que dio mi generación. Además tenia un humor de siete suelas, diría el Chito Zeballos un amigo común folclorista.

Cuánto hace que nos conocíamos con el Corcho? Ese era el sobrenombre con el cual lo identificamos a Hugo Bastos. No me acuerdo, pero ya en el 1968 él había dibujado mi retrato que no hace mucho utilicé como tapa de un libro mio en español “Any Lorac punto com”, Signo Vital; Ediciones Digitales. 

Recuerdo que largamos juntos el secundario en la escuela de Bellas Artes “Figueroa Alcorta” y si bien teníamos diferencias políticas de las cuales casi no hablábamos nos unía el amor por la música folclórica, la poesía, el dibujo y las ganas de morderle el codo a la vida.

En aquella época nos juntábamos casi todos los fines de semana en su casa para crear de todo un poco: Los dos tocábamos la guitarra, los dos escribíamos poesía, los dos dibujábamos, pero el Corcho se inclinaba mas hacia el grabado mostrando su futuro como artista plástico y yo escribiendo historias que todavía nadie leía. Por supuesto, su primera exposición la tendría que hacer conmigo “Poemas ilustrados” en la galería Avant Garde y de allí saltamos a Mar Chiquita con los mismo cuadros, mis poesías y sus dibujos. No hace mucho nos reíamos recordando esa exposición porque el Hugo comentaba, que fue la exposición mas descansada que tuvo ya que fue realizada en una sala de la intendencia de Miramar y no nos permitieron poner clavos en las paredes para colgar nuestras obras y tuvimos que poner los cuadros sobre sillas apoyadas a los muros.

Todavía recuerdo a su mamá que mientras nosotros “trabajábamos” ella nos traía sándwiches y una jarra con jugo. Por ese entonces apareció Teresa y se notaba que estaba enamorado porque siempre me hablaba de ella.

La vida nos fue separando porque yo tenia una doble vida: una pública y otra mas oculta como militante peronista. Recuerdo un día que me metieron preso el Corcho me hizo llegar un mensaje preguntándome cómo me podía ayudar. Le respondí que si me quería un poco no se metiera conmigo para que él no tuviese problemas. Eran épocas difíciles y él no las entendía muy bien. Sin embargo; cada que podíamos, yo iba a su nueva casa porque ya se había casado con Teresa.

Con los años yo aterricé en Brasil, luego en Francia como exiliado político. Pero nunca cortamos nuestra amistad, siempre que pasé por Córdoba fui a visitarlo a su casa o por su taller de dibujos en el centro de la ciudad donde tomábamos un vino y un par de empanadas.

Hace algunos años nos encontramos en el FB y, mas tarde, con el asunto de la pandemia, como muchos de nosotros, nos instalamos en la red para no cortarnos del mundo y distraernos. y de tanto en cuando charlábamos en privado. Entonces, el Hugo me decía “cuidate loco, que todavía tenemos pendientes algunas empanadas y un vino” porque sabia que yo estaba muy enfermo. Hasta me pidió que le escribiera algún texto porque él quería componer un chamame.

Desde hace algunas semanas desapareció del FB, y me angustié pero no quería preguntar por él. Cada que lo hago por amigos de mi edad me llevo sorpresas no agradables.

Allí vienen de avisarme que el Hugo se murió.

 

 

jueves, 3 de septiembre de 2020

Ahh La Feria de la poesía en París

Juan Carlos Alarcón


Yo tengo un problema con la poesía, siempre dije que escribir para abajo no era ser poeta. Pero todavía deben pensar que lo soy, porque me vienen de enviar el nuevo programa del Marché de la Poesie de París 2020 invitándome a participar. Entonces sonreí, ya que me acordé de una anécdota antigua con una amiga.
Hace algunos años Clementina Rossini, poeta pampeana, vino a París a presentar un libro suyo “Saveur à vie” publicado en Francia. Con Clementina somos amigos desde hace mil años, tantos que muchos creen que somos hermanos, y fue por eso que yo la acompañé por todos lados haciendo de traductor.

Recuerdo el día que presentó su libro. En París también se desarrollaba la Parada Gay y desfilaban justo por la puerta del lugar donde se hacía ese evento cultural. Como el Barrio Latino era una locura y estábamos por llegar tarde, le pedí que se bajara del auto y le expliqué, que caminando podía llegar a tiempo a la presentación de su libro de poemas. La cuestión fue que, buscando donde estacionar mi auto, yo llegué tardísimo al lugar. Y qué veo?... La veo a Clementina charlando animadamente rodeada de personas disfrazadas, hasta algunas con muy poca ropas y plumajes llamativos.


Parece ser que a los gay también le gustaban sus poesías y varios habían decido entrar a saludarla. Yo me tenté de la risa porque si eso se sabría en La Pampa le harían bromas hasta el resto de su vida. Entonces, aprovechando que una periodista quería hacer un video entrevistándola para la TV, la tomé del brazo y nos fuimos a un bar argentino. Allí le hicieron el reportaje a Clementina mientras tomábamos mates. El Sur, en aquella época, era el único bar en París donde se podía tomar mates.

Entre la agenda que la editorial le había preparado a Clementina Rossini, figuraba la Feria de la Poesía una semana mas tarde. donde debía firmar autógrafos de sus libros. Cuando yo vi el programa se me puso negro el horizonte, puesto que me habían incorporado a mí también para hacer lo mismo con los míos “Ambición de Existir”. Recuerdo que yo puteaba en casa contra todos los santos que conocía; pero Clementina estaba contenta y radiante porque no estaría sola en un país donde no conocía el idioma, yo estaría sentado a su lado. Reconozco que era un prestigio que estuviéramos invitado por la Embajada de España en su propio stand. Si yo hubiera estado solo, seguro que hubiera pegado el faltazo argumentado que estaba muy enfermo muriéndome, pero respiré hondo y decidí ir con la Clemy, como la llamo cariñosamente.

Creo que fue el segundo o el tercer día que nos tocaba a nosotros. Sí recuerdo bien es que llegamos temprano, antes de que se abriera al público, y aprovechamos para tomar un café en un bar al frente de la plaza Saint-Sulpice donde se realizaba la Feria de la Poesía. Clementina de repente me dijo “Pará loco, te conozco bien y cuando vos tienes esos ojos pícaros es porque estas tramando algo!”. Yo pensé que no era justo que mi amiga crea esas cosas de mí.

El stand de la Embajada de España era como todos los stand de todas las ferias de libros, estanterías repletos de autores españoles y varios latinoamericanos, una mesa larga con un mantel blanco que llegaba hasta el suelo y encima más libros. En esa mesa había cuatro cartelitos con los nombres de los poetas que ese día estarían en contacto con el público. Por supuesto Clementina haciéndose la tonta cambió el orden de los cartelitos poniéndome a su lado para que nosotros pudiéramos chusmear tranquilos mientras firmábamos autógrafos. Recuerdo que cuando se abrieron las cortinas una marea de gente se balanceó sobre nosotros. Yo levanté rápido los dos brazos en alto gritando “soy inocente” mientras Clementina dibujaba la mejor de sus sonrisas y escuchaba, sin entender nada, lo que le decía la gente. Yo nunca tuve suerte con esos tipos de eventos culturales, cuando estaba por firmar el segundo libro se me cayó la birome al piso, debajo de la mesa, y me agaché a recogerla.


Clementina me contó después, que estaba preocupada porque yo había desaparecido de golpe y los gallegos me andaban buscando por todos lados. Lo que pasó fue que estando debajo de la mesa vi la punta como un túnel tentador y en cuatro patas me fui deslizando hasta escapar por allí. Luego me fui tranquilo a tomar un café a un bar y leer un libro esperando que terminara mi amiga pampeana de firmar sus libros. Los ojos que tenía Clementina cuando me encontró despedían fuego “Yo sabía que algo estabas tramando esta mañana”. Entonces puse cara de inocente como esos chicos que hacen travesuras y para demostrarle que un accidente puede sucederle a cualquiera la invité a cenar en Montmartre frente a la Place Tartre, la de los pintores.

Reconozco que me salió más caro que si yo mismo me hubiera comprado todos mis libros, ya que la finalidad de las ferias de libro es para eso, para que las editoriales vendan más. Por eso digo a menudo, que los salones y las ferias de libro no son otra cosa que grandes librerías colectivas con animación de autores.